Paloma Sainz: «Somos escultores de nuestra vida y cada día elegimos cómo seguir esculpiendo»

Paloma Sainz, escritora y creadora de All One Project.

Por Andrea Argüelles

Durante más de una década, el mundo de Paloma Sainz se midió en metros de seda y matices de tintes. Como parte de una ambiciosa empresa familiar nacida en los noventa, recorrió Asia desde los veintidós años, sumergida en el vértigo de la moda y el diseño internacional.

Lo que comenzó como un sueño de creatividad y éxito profesional, terminó siendo el motor de una transformación interna profunda. Esa búsqueda de texturas por los rincones más remotos del mundo la llevó, finalmente, a encontrar su verdadera voz: una que prefería cambiar las agujas por la pluma.

La escritura no fue un descubrimiento tardío, sino un refugio de la infancia que recuperó cuando el ritmo de su vida se volvió insostenible. El punto de inflexión no fue sutil; fue un grito del organismo. En un vuelo hacia China, su cuerpo simplemente «se paró». Aquella crisis de salud, inexplicable en su momento, fue la primera señal de que su camino estaba virando. Hoy, entiende que aquel malestar era la advertencia de que su etapa en la industria textil estaba llegando a su fin.

A pesar de la belleza de crear diseños y verlos materializados, el contacto directo con la realidad de la producción global empezó a pesar más que la satisfacción estética. Paloma Sainz fue testigo de la cara amarga de la industria: ríos contaminados, talleres pequeños asfixiados por certificaciones injustas y la hegemonía de grandes corporaciones no siempre éticas.

Esa disonancia entre sus valores y su entorno la llevó a tomar la decisión más difícil de su carrera: abandonar la seguridad de la empresa familiar. «En mi casa me decían que era una idealista, «que buscaba una utopía», recuerda. Pero la necesidad de dedicar su vida a algo que no dañara la tierra y que le permitiera ser libre fue más fuerte que la tradición.

Así, la escritura se convirtió en su tabla de salvación. Lo que empezó como un curso para procesar el dolor de la ruptura profesional terminó gestando una novela y, posteriormente, un enfoque de vida dedicado a la divulgación. Fue en medio de ese proceso de «escribir para comprender» cuando la editorial Planeta detectó su potencial, encargándole un libro de Mindfulness para niños que cambiaría el rumbo de su carrera literaria.

Hoy, Paloma Sainz no busca tejidos, sino sabiduría ancestral. A través de su proyecto de investigación y divulgación de Mindfulness y Compasión en Educación, ha recorrido el mundo conociendo a figuras y proyectos que operan fuera del radar de los medios convencionales.

Su obra actual, condensada en Los 7 Mensajes de Om, no es solo un libro; es un ecosistema que incluye documentales, diarios y un viaje de autodescubrimiento. Es su manera de plantar «jardines visibles e invisibles» en un sistema educativo que, según ella, necesita urgentemente reconectar con lo esencial.

Tras el primer viaje a la India, en 1997 , ¿cómo empezó a transformarse tu propia narrativa personal, pasando de ser una diseñadora de colecciones a una investigadora del silencio?

Cuando comienzas tu viaje interior tu percepción comienza a transformarse, tus historias, tu mirada. Empiezas a sentir el tejido invisible que nos une a todos, como la lattice de la que hablaba Jacobo Grinberg. Y necesitas silencio, estar en ti, aprender a observar cómo funciona tu forma de pensar, tu mente, atreverte a cambiar (las veces que haga falta) y a conectar con tu corazón, nuestro gran maestro. En mi caso fue principalmente a través del yoga, de la meditación y de la escritura. 

Has escrito sobre niños, empresas y viajes iniciáticos. ¿Es la escritura, para ti, un acto de meditación en sí mismo o una herramienta para que el individuo moderno pueda, por fin, desaprender quién cree que es?

Las dos cosas y mucho más. Escribir es vivir, como dice el título del precioso libro de Jose Luis San Pedro. Para mí, escribir es un acto de cuidado y de amor. Y tiene algo profundamente meditativo.  Y por otra parte, también es una herramienta de desaprendizaje. Cuando escribimos desde el corazón, con verdad, podemos expresar y sacar todas esas historias que nos contamos y que muchas veces ni siquiera son nuestras. Somos escultores de nuestra propia vida. Y cada día, momento a momento, elegimos cómo seguir esculpiendo. Escribir nos ayuda a tomar consciencia.

Tu fundación, All One Project, busca el florecimiento de la atención plena. En este ciclo de cambios tan vertiginosos, ¿crees que escribir y leer son actos de resistencia para un ser humano que corre el riesgo de fragmentarse?

Sí, totalmente. En un mundo con tanto ruido y distracción, cualquier acto que sea en silencio y en soledad es un acto de resistencia. No resistencia en el sentido combativo, sino en el sentido de preservación de lo humano: la capacidad de reflexión, de pausa, de conexión y trascendencia.

En 2019 diste la vuelta al mundo conectando 7 ciudades y 7 chakras. ¿Es la crisis que vemos en el mapa global un simple reflejo de la desconexión que el individuo mantiene con su propia geografía interna?

Creo que la crisis colectiva siempre tiene una dimensión interior. La desconexión con el propio cuerpo, con las emociones y con el sentido vital se traduce en decisiones externas igualmente desconectadas. No podemos aspirar a un equilibrio global si el individuo vive en conflicto permanente consigo mismo. No podemos aspirar a vivir en paz si no hay paz interior. La geografía externa y la interna están íntimamente relacionadas. 

Como autora de La Historia de Anamika y 7 años, 7 días, 7 segundos, exploras diferentes escalas de tiempo. ¿Puede la consciencia de un individuo colapsar toda una vieja estructura de sufrimiento en apenas un instante de presencia pura?

Sí. Y todo lo que nos queda por descubrir. Somos mucho más de lo que nos han hecho creer. Y una de las claves es la presencia. Una presencia, como bien dices, pura. 

Unes la ciencia más actual con la sabiduría más ancestral. En un momento de tanta incertidumbre cultural y tecnológica, ¿dónde encuentra el ser humano el anclaje para no perder su esencia más orgánica?

En el cuerpo, que es nuestra tierra. Con el poder de nuestra voz, del movimiento. En la naturaleza, que es nuestra mejor medicina. En el silencio, en la comunidad. En la oración, en el corazón. 

Tu trayectoria es una metamorfosis radical: de buscar tendencias de moda a buscar herramientas para un mundo más humano. ¿Qué parte de nuestra identidad antigua debemos «dejar morir» para permitir que nazca el ser consciente que este ciclo reclama?

No fue tan radical. Estuve uniendo y, aunque no lo parezca, el trabajo está muy conectado. Uno en lo visible y otro en lo invisible. Para mí, más que dejar morir, es amar. Amar lo que fuimos, amar lo que somos. Y dentro de este amar, también está el perdonar, a los demás y, sobre todo, a nosotros mismos. Y a partir de ahí, tomar nuestro poder y nuestra responsabilidad, aquí y ahora, y hacernos la gran pregunta: ¿qué queremos? Y, desde ahí, hacer que todo sea sagrado en nuestra vida, cada día, desde que nos despertamos hasta que nos acostamos.

A menudo nos enfocamos en grandes cambios colectivos, pero tú pones el foco en la mirada individual. ¿Es posible un cambio de paradigma real si el individuo no asume primero la responsabilidad de su propio «clima» interno?

Todo comienza en nuestro interior, en lo invisible. Los cambios reales emergen de individuos que asumen la responsabilidad sobre su propio «clima» interno: sus pensamientos, sus emociones, sus decisiones. El gran cambio requiere una gran responsabilidad y coherencia. Sin esa coherencia individual, cualquier transformación colectiva es superficial. Aunque también creo que no es necesario que todas las personas entren en esta consciencia y coherencia para que el cambio se dé. Y esto es una gran noticia, porque quizás ya somos los que necesitamos para este cambio, solo que todavía no estamos suficientemente organizados u ordenados. 

En tus libros y proyectos exploras el concepto de All One. ¿Cuál es la mayor mentira que el individuo se cuenta a sí mismo para evitar reconocerse como parte de un todo indivisible?

Poner etiquetas. Yo soy español, yo soy católico, yo soy… Cada vez que ponemos algo detrás nos vamos separando del resto. Reconocernos como parte de un todo no es una idea romántica; es una realidad biológica y energética.

Has dedicado años a investigar programas de compasión. En una cultura que a menudo premia la dureza, ¿por qué nos asusta tanto aceptar que la vulnerabilidad es nuestra herramienta más poderosa de conexión?

Porque hemos confundido vulnerabilidad con debilidad. La vulnerabilidad implica exposición, y eso genera miedo en una cultura orientada al rendimiento y al control. Sin embargo, es precisamente la vulnerabilidad la que permite la conexión auténtica. Es una fortaleza silenciosa.

¿Qué atributo define a una persona que ha logrado mantenerse despierta y en paz en medio de este cambio de era?

La coherencia. 


[Caracol de Tinta es un espacio de escritura pausada y reflexiva donde ofrecemos una mirada profunda sobre las obras, reseñas y entrevistas con personalidad. Exploramos la cultura con curiosidad y sin atajos, convencidos de que lo importante no es la velocidad, sino la huella que dejamos en el proceso].