Por Eliana Montemayor
Eliana Montemayor nos cuenta en este texto cómo su libro Soltar para sanar brotó de un dolor que se transformó en un proceso de reconstrucción. Con honestidad, explica que escribir no fue solo un desahogo creativo, sino la vía para recuperar su propio espacio; un testimonio de cómo la palabra nos puede sostener en el intento de volver a una misma después del derrumbe.
***
Hay libros que nacen de una herida íntima y otros de una mirada atenta sobre lo humano. Soltar para sanar nació de ambas cosas. No empezó como un proyecto editorial, sino como una necesidad personal que, con el tiempo, se volvió más amplia al reconocer que eso que me dolía no me sucedía solo a mí. Afuera, mi vida se estaba moviendo con fuerza. Y ese movimiento me obligó a mirar hacia dentro.
Cuando una atraviesa una etapa así, no solo cambian los planes. También se sacuden certezas, identidades y silencios que una creía resueltos. En mi caso, ese silencio encontró forma en la escritura. No empecé este libro para enseñar ni para ofrecer respuestas. Empecé a escribir porque necesitaba entender lo que me estaba pasando. Porque había emociones que no desaparecían aunque siguiera adelante, cumpliera, trabajara y sonriera. Había algo persistente dentro de mí, pidiendo ser nombrado.
Durante mucho tiempo me acompañó una pregunta incómoda: ¿por qué nos cuesta tanto soltar lo que claramente nos lastima? No era una reflexión teórica. Era una pregunta personal. Y, sin darme cuenta, se convirtió en el hilo que empezó a ordenar todo lo demás.
Recuerdo un momento muy preciso: estaba en silencio, sin distracciones, y entendí algo que hasta entonces me había resistido a aceptar. No basta con que alguien ya no esté en tu vida para que realmente haya salido de ti. Esa claridad no fue suave. Fue incómoda, directa, inevitable. Pero también fue necesaria. Porque ahí empezó el verdadero proceso.
A partir de entonces, escribir dejó de ser solo una forma de desahogo. Se convirtió en una manera de mirar de frente lo que había evitado. De ponerle nombre al resentimiento, a la culpa, a la dependencia emocional, al miedo a la pérdida y a esa costumbre casi automática de seguir cargando lo que ya no nos corresponde. No fue un acto creativo. Fue un acto de verdad.
Con el tiempo entendí que este libro no trataba de “superar” nada, sino de transformar la relación con lo vivido. Soltar no era olvidar ni borrar lo que pasó. Era dejar de permitir que el pasado siguiera teniendo poder sobre el presente. Era aceptar que una experiencia puede atravesarte, pero no tiene por qué definirte para siempre.
Para mí, soltar fue dejar de vivir desde la herida. Fue asumir que, aunque algo dolió, no tenía que seguir doliendo de la misma manera todos los días. Fue dejar de justificar lo que ya no se sostenía y empezar a hacerme responsable de mi propia paz.
Por eso, este libro habla de amor propio, pero no como consigna ni como frase bonita. Habla de reconstrucción. De reconocer dónde nos rompimos, de entender por qué nos aferramos incluso a lo que nos hiere, y de aprender a despedir sin culpa. Porque a veces lo más difícil no es irse, sino aceptar que ya es momento de soltar.
Sin embargo, el verdadero origen no está solo en esas ideas. Lo más importante ocurrió mientras lo escribía. En medio del proceso entendí que no estaba hablando en abstracto. Había una historia personal que seguía viva en mí, aunque yo creyera haberla dejado atrás. Una relación que había dejado una marca más profunda de lo que estaba dispuesta a admitir.
Ese descubrimiento lo reordenó todo. El libro dejó de ser únicamente un acompañamiento para otros y se convirtió en algo más incómodo y más honesto: un espejo. Ya no era solo una reflexión. Era una decisión. La decisión de dejar de postergar lo que sabía que tenía que sanar.
Tuve que mirar de frente aquello que había evitado durante mucho tiempo. Nombrarlo sin suavizarlo. Y empezar, por fin, a soltar de verdad.
Ahí entendí que este libro no había nacido de una inquietud creativa, sino de algo mucho más humano…la experiencia de sentirse rota en partes invisibles y tener que reconstruirse con verdad. Por eso nunca quise escribir desde un pedestal. No me interesaba sonar perfecta. Me interesaba sonar real.
El libro gira alrededor de una idea sencilla, pero exigente…soltar como práctica, no como discurso. No se trata de borrar lo vivido, sino de recuperar espacio interior. De dejar de habitar el desgaste. De avanzar sin seguir sosteniendo lo que ya no tiene sentido.
Si tuviera que resumir Soltar para sanar, diría que es un libro sobre el acto valiente de volver a una misma. Volver después del daño, después del apego, después de las historias que permanecen más tiempo del que deberían. Es una invitación a mirar con claridad lo que pesa y a entender que el alivio no llega negando el dolor, sino dejando de vivir atada a él.
Lo escribí pensando que estaba acompañando a alguien más. Hoy sé que también me estaba acompañando a mí.

Eliana Montemayor es el seudónimo literario de la autora de Soltar para sanar, una obra centrada en el acompañamiento de procesos de transformación emocional y crecimiento interior. Bajo esta identidad, la autora explora herramientas para el bienestar psicológico y el desarrollo personal.
Título: Soltar para sanar
Autor: Eliana Montemayor
Año de publicación: 2025
Precio: 17 €
Páginas: 136
[Caracol de Tinta es un espacio de escritura pausada y reflexiva donde ofrecemos una mirada profunda sobre las obras, reseñas y entrevistas con personalidad. Exploramos la cultura con curiosidad y sin atajos, convencidos de que lo importante no es la velocidad, sino la huella que dejamos en el proceso].