Cuando las historias te salvan

Ariadna Tuxell nos cuenta el proceso de su nueva novela «Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte…».

Por Ariadna Tuxell

Ariadna Tuxell explica los procesos y el origen de su nueva novela Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte…, una historia que nace de una pregunta que remueve los cimientos del pasado. Para profundizar en este lanzamiento y compartir impresiones con la autora, los lectores tienen una cita los días 8, 9 y 10 de junio en la 85.ª Feria del Libro de Madrid, donde estará firmando ejemplares en la caseta 309.

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Hay novelas que nacen de una idea. Otras, de una herida. Y luego están las que aparecen justo en el momento exacto en el que más las necesitas. Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte… pertenece, sin ninguna duda, a este último grupo.

Siempre digo que escribir es una forma de ordenar el caos y de verbalizar lo que tanto duele y que en ocasiones tantísimo cuesta nombrar. De poner palabras donde antes solo había emociones difíciles de explicar. Y esta novela nació precisamente ahí: en un momento muy concreto de mi vida en el que necesitaba volver a reír, volver a sentir paz y recordarme a mí misma que, incluso cuando el corazón está roto, la vida sigue teniendo rincones hermosos llenos de luz.

La idea apareció de una manera muy natural. Durante años he observado el universo tan peculiar que se crea en los campings: las familias que repiten verano tras verano, los niños que hacen amigos en cuestión de minutos, las amistades intensas de verano, los trabajadores que terminan convirtiéndose en una pequeña familia improvisada y todas esas historias que suceden entre piscinas, espectáculos nocturnos, canciones pegadizas y atardeceres junto al mar. Me parece un escenario tremendamente humano. Muy vivo. Muy real. Durante unas vacaciones en un camping donde fuimos a veranear mi familia y yo y nos lo pasamos de maravilla, decidí que mi próximo libro trataría de cómo viven los trabajadores encargados de la animación de un lugar tan entretenido y pensé: «¿Qué pasaría si la protagonista, que aparentemente tiene su vida reconstruida, se reencontrara, de golpe, con el gran amor que tuvo que dejar marchar?»

Pero no quería escribir únicamente una historia romántica. Quería hablar de esas decisiones que uno toma creyendo que son las correctas… y que aun así duelen para siempre. Y así nació Mía. Una mujer alegre, divertida, luminosa y aparentemente fuerte, pero con heridas muy profundas escondidas detrás de su sentido del humor. Ella, que trabaja en un camping como animadora turística desde hace nueve años, y que vive rodeada constantemente de familias felices, niños, música y momentos caóticos y divertidos, justo cuando siente que ha conseguido cierta estabilidad emocional, reaparece Bruno: el hombre al que más quiso y del que tuvo que separarse porque ella deseaba ser madre y él no.

Y entonces sucede algo que, creo, nos ha pasado a muchos en algún momento de la vida, descubre que la persona que no quería lo mismo que ella… sí lo quiso después, pero con otra mujer…

Esa idea me parecía devastadora emocionalmente. Porque no habla solo de amor. Habla de tiempos. De decisiones. De pérdidas. De lo caprichosa que puede llegar a ser la vida.

A partir de ahí, los personajes empezaron prácticamente a evolucionar solos. Y eso, para quienes escribimos, es una de las sensaciones más mágicas que existen. Cuando dejas de tener la sensación de controlar la historia porque son ellos quienes empiezan a respirar, a discutir, a emocionarse y a sorprenderte.

Mientras escribía esta novela me reí muchísimo. De verdad. Hay escenas que imaginarlas ya me hacían llorar de la risa. Los concursos absurdos del camping, los espectáculos delirantes, los niños diciendo barbaridades con total naturalidad, las conversaciones incómodas, los celos mal disimulados, los amigos con los que nos podemos comunicar sin la necesidad de hablar… Necesitaba escribir algo fresco, vivo y divertido.

Y, sin embargo, también es una de las novelas más emocionales que he escrito nunca. Porque detrás de las bromas, de los momentos caóticos y de las escenas más desenfadadas, hay una pregunta constante: ¿Qué hacemos con los amores que nunca terminamos de olvidar?

Creo que todos guardamos a alguien en algún rincón del alma. Personas que marcaron una etapa concreta de nuestra vida y que, aunque pase el tiempo, siguen teniendo la capacidad de desordenarnos emocionalmente con una sola mirada.

Y eso era exactamente lo que quería transmitir. También necesitaba escribir sobre el desapego. Sobre aprender a soltar. Sobre aceptar que amar a alguien no siempre significa quedarte a su lado. A veces el amor más grande también implica dejar ir. Y aunque suene bonito escrito, en la vida real suele doler muchísimo.
Mía tiene mucho de mí en algunas cosas: su forma de observar el mundo, su humor, su parte espiritual, su sensibilidad y esa costumbre de intentar encontrar luz incluso en los momentos más complicados y oscuros. Pero también tiene muchísimo de todas las mujeres que alguna vez sintieron que llegaron tarde a algo. Al amor correcto. A la maternidad. A una decisión. A una etapa de su vida. Y precisamente por eso quería que, pese a todo, esta novela transmitiera esperanza.

Porque la vida da muchísimas vueltas. Más de las que imaginamos. A veces alguien reaparece cuando ya estabas aprendiendo a olvidarlo. A veces una herida que parecía cerrada vuelve a abrirse. Y a veces descubres que todavía quedan emociones vivas donde jurabas que solo había cenizas. Pero también creo profundamente que incluso las historias que duelen tienen algo bonito: nos recuerdan que estuvimos vivos, que amamos de verdad y que hubo personas capaces de dejarnos huella.

Escribir esta novela fue especialmente importante para mí porque llegó en un momento muy delicado de mi vida personal. Mientras la escribía, transitaba uno de los dolores más grandes que he vivido: la pérdida de mi madre. Y, aunque pueda parecer extraño, estos personajes me hicieron compañía. Me regalaron momentos de risa, de evasión y de luz cuando más lo necesitaba.
Por eso siempre digo que escribir no solo sirve para contar historias. A veces también sirve para salvarnos un poquito.

Ojalá quienes lean Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte… se emocionen, se rían, se enamoren de sus personajes y, sobre todo, sientan que durante unas horas han vivido dentro de un verano imposible de olvidar.
Porque, al final, considero que de eso tratan las novelas que dejan huella: de hacernos sentir menos solos…


Ariadna Tuxell, nacida en la Barcelona de los ochenta, es una escritora apasionada que encontró en la literatura una vía para transformar sus experiencias. Su obra refleja la dureza de los momentos vividos, relaciones atípicas y una experiencia cercana a la muerte. Con una mezcla de misticismo y simplicidad, crea historias de profunda introspección.

Título: Y apareciste cuando estaba a punto de olvidarte…
Autora: Ariadna Tuxell
Editorial: Huso
Año de publicación: 2026
Páginas: 229
Precio: 19€
ISBN: 979-13-991999-4-9

[Caracol de Tinta es un espacio de escritura pausada y reflexiva donde ofrecemos una mirada profunda sobre las obras, reseñas y entrevistas con personalidad. Exploramos la cultura con curiosidad y sin atajos, convencidos de que lo importante no es la velocidad, sino la huella que dejamos en el proceso].