Laurence Bouchet: «¿Qué es la filosofía sino un viaje?»

La filósofa francesa propone el diálogo filosófico a bordo de la Philomobile: una furgoneta que atraviesa continentes.

Por María Laura Padrón

Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer a Laurence Bouchet a su paso por Villarejo de Salvanés, un pueblo del sureste de Madrid. Ella es una filósofa francesa bastante singular que se propuso sacar el pensamiento de las aulas y de los círculos de élite para llevarlo directamente a la calle, todo a bordo de la Philomobile: una furgoneta convertida en foro de debate itinerante con la que entonces cruzaba el mapa desde Pontarlier hasta Casablanca.

Su propuesta consiste en confrontar las ideas a través de diálogos filosóficos en entornos cotidianos como plazas, mercados, prisiones, empresas o cafés. Cualquier espacio es ideal para estos encuentros, donde el debate nace precisamente de la escucha del otro. Partiendo de esa premisa, la asociación cultural Al Fresco aprovechó la parada de la filósofa en España para organizar un encuentro intergeneracional en el que abuelos, abuelas, nietos y nietas pudieron sentarse a reflexionar juntos.

La actividad fue una oportunidad perfecta para plantearse ciertas preguntas: ¿Qué tienen en común unos con otros? ¿Qué significa ser abuelo o nieta? ¿Qué diferencia a un mayor de este pueblo de uno que viva en cualquier otro lugar? Sentados en un salón de la Casa de la Tercia, el edificio histórico del municipio, quienes acudieron movidos por la curiosidad compartieron un ejercicio hondo de argumentación y confrontación de ideas propias.

A propósito de su visita, conversamos con ella acerca de sus motivaciones para desarrollar estos talleres inspirados en el cuestionamiento socrático, un método que fomenta «prestar atención al punto de vista de los demás». Su labor cobra especial sentido en un «mundo en crisis» donde los pensamientos a menudo se congelan en dogmatismos y fanatismos; un escenario donde los seres humanos se enfrentan sin tratar de entenderse y donde se suele reaccionar antes de pensar, en vez de tomarse un tiempo para la razón.

Cabe destacar que esta práctica filosófica forma parte de un movimiento que se ha desarrollado con fuerza en los últimos años, especialmente con niños. Estos talleres son guiados por filósofos prácticos entrenados —ya sean profesionales independientes, voluntarios o maestros de escuela— que dinamizan las sesiones como parte de su enseñanza o labor filantrópica.

Impulsa estas intervenciones sobre ruedas para generar experiencias que reconecten con la tradición socrática de devolver el cuestionamiento a la ciudadanía. Ella misma, que durante 25 años trabajó como docente en un instituto impartiendo cursos magistrales sobre el pensamiento antiguo o el existencialismo, señala que con demasiada frecuencia la escuela enseña simplemente a repetir lo que dijeron los clásicos. En cambio, explica que «el enfoque de la práctica filosófica que se ha desarrollado en los últimos años en el mundo nos invita a adoptar otra actitud más modesta y más activa: comprometernos a proponer hipótesis, a examinarlas y criticarlas. Esto no excluye la lectura de los grandes filósofos, sino que propone una lectura más activa y crítica».

Para adentrarse en esta experiencia más amplia, emprendió su aventura en la furgoneta desde Francia hacia Marruecos, haciendo paradas en múltiples ciudades y pueblos de la ruta. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la filosofía sino un viaje? Una expedición en la que no solo explora sus propios preceptos, sino que viaja a través de los demás y, por supuesto, dentro de ella misma.

«La gran apuesta de este viaje es demostrar que, si bien la filosofía es exigente, no está reservada para unos pocos, sino que su práctica puede aportar mucho a todo el mundo. Por lo tanto, con este enfoque socrático no se trata de enseñar una doctrina, sino de invitar a los participantes a pensar por sí mismos y a dialogar respondiendo a las preguntas que ellos mismos se formulan».

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¿Qué le motivó a recorrer «el mundo» (o los mundos de las personas) a bordo de la Philomobile?

Lo que me motiva a viajar a través de una pequeña parte de este vasto mundo a bordo de la Philomobile es descubrir la diversidad de puntos de vista y formas de pensar y entender si tienen sentido o no. A veces me sorprende la idea de un participante en un taller, nunca había visto las cosas de esa manera, me trae una intuición que aún no había pensado y que me enriquece y arroja luz en mi pensamiento.

¿Cuál es el aprendizaje más importante de sus años como docente de Filosofía?

Después de todos estos años llegué a comprender que la forma de enseñar filosofía plantea varios problemas. Primero, está la presión del examen que no facilita el desapego necesario para pensar. Los estudiantes quieren tener éxito, tienen miedo de equivocarse y están esperando recetas. La institución es a veces contradictoria: enseña a los alumnos que Kant dijo: «No hay una filosofía que podamos aprender, solo podemos aprender a filosofar», pero no siempre se enseña a los alumnos a filosofar, es decir a proponer un argumento, examinar con paciencia su validez, buscar una objeción, una crítica interna, trabajar un concepto, problematizar.

¿En qué radica la importancia de la filosofía como alternativa cultural en los entornos rurales?

La filosofía nos concierne a cada uno, aunque sea un ejercicio muy exigente. Cualquiera que sea nuestro origen, nuestro entorno social, el lugar donde vivimos, podemos filosofar porque todos estamos dotados de la razón o del sentido común, que es «la cosa del mundo mejor compartida», como dijo el filósofo Descartes. En Francia, como en otros países que atravesamos durante este viaje, hay una diferencia entre las ciudades y el campo: la gente en las áreas rurales a veces piensa que la filosofía no es para ellos. Es contra esta suposición que la Philomobile rueda pasando de un pueblo a otro y de allí a otra grande ciudad para filosofar con todos los que encuentra en su camino.

¿Qué ha descubierto en cada encuentro de la Philomobile?

Hasta ahora animamos 23 talleres de filosofía en Francia con adultos, adolescentes y niños, así como consultas filosóficas. Será interesante un poco más tarde ver si hay diferencias o no en los tres países en los que filosofaremos. Por ahora, estamos viendo principalmente diferencias entre adultos y niños. Con adultos a menudo nos encontramos con un tímido, una bocazas, una persona que hace bromas, una que manifiesta una sonrisa agradable, un testarudo, una persona seria, otra que calcula todo lo que dice, el que sabe, el que esperaba algo más, el que está listo para jugar, el que pellizca, o el que tiene su definición de una palabra.

¿Con qué desafíos se encuentra como facilitadora de estos diálogos filosóficos?

El desafío del facilitador filósofo es empujar para elaborar un pensamiento que supere la singularidad de cada uno, o más bien un pensamiento que se desarrolla y toma forma cuando esta singularidad se frota con la alteridad. Los niños generalmente tienen más confianza que los adultos, están menos ansiosos por defender su imagen y, por lo tanto, están más dispuestos a pensar. Aquí y allá los participantes arrojan luz sobre un texto, sobre una pregunta, y eso nos sorprende y nutre nuestro viaje.

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Sin duda, emprender esta ruta desde Francia hasta Marruecos es para Laurence Bouchet una oportunidad de acercamiento y descubrimiento profundo. Especialmente en una época en la que las personas tienden a cerrarse sobre sí mismas y todo se convierte en un pretexto para bloquearse en sus mundos particulares. Un tiempo en el que rechazar al otro está marcado por la edad o la cultura a la que pertenece, por la religión o la falta de religión, por el idioma o el color de la piel, por el sexo o la orientación sexual.

«La razón, el Logos, palabra que nos viene de la antigüedad griega, no está de moda, la emoción seduce mucho más. Bajo el pretexto de la benevolencia y el respeto a las diferencias cada uno piensa que es el centro. Esto no quiere decir que la emoción y el apego emocional a lo que nos convierte en la particularidad de cada uno de nosotros no tengan sentido, pero tampoco es la receta mágica».

Considerando que el objetivo es establecer un diálogo filosófico entre las personas y las culturas de los países cruzados, deteniéndose a reflexionar no solo en los pensamientos individuales, Laurence Bouchet plantea el reto que significa filosofar con quien es extraño, pues tenemos cada vez más dificultad para producir cosas comunes. Esta práctica es esencial porque es gracias a ella que podemos dar un paso atrás en nuestras formas de pensar. La razón y la filosofía permiten precisamente este vínculo.

Esto no significa, explica, que haya que estar de acuerdo, sino que permite abordar un terreno donde los desacuerdos se pueden decir sin caer inmediatamente en dejarnos llevar por pasiones destructivas. Por lo tanto, su intención es verificar si tenemos o no acceso a una razón común a pesar de lo que conforma nuestras identidades.

«Apuesto a que estas identidades no solo son lo que nos separa, sino también lo que nos puede brindar apoyo para unirnos en un horizonte común. Este viaje también me permite dialogar conmigo misma al dialogar con las personas que encuentro y con las que me acompañan. La dificultad del viaje también nos hace bajar las máscaras. Cada uno aparece con las asperezas de su personaje que ya no puede ocultar».


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