Por Andrea Argüelles
J. De Haro debuta en la narrativa con Eco de Verdad (2026), una distopía afilada que imagina un mundo donde la mentira ha dejado de ser un recurso impune. Bajo el sello de Carola Mía Ediciones, la obra llegará a las librerías el próximo 28 de febrero. Más que un relato de ciencia ficción, es un espejo de nuestra era.
Con el pulso vibrante de un thriller tecnológico, la novela lanza una pregunta incómoda al centro del debate social: ¿Qué pasaría si la verdad se propagara como un virus letal? Aquí no encontremos respuestas, todo lo contrario, surgirán más cuestiones…
Conversamos con el autor sobre el origen de esta historia, que nace no con la intención de dictar sentencias, sino de abrir interrogantes necesarios sobre el presente. En un contexto donde el poder y los medios instalan «verdades» instantáneas que se propagan sin filtros ni contrastes, J. De Haro nos invita a reflexionar sobre el peso, a veces insoportable, de la transparencia absoluta.

Toda gran distopía nace de una observación del presente. ¿Hubo algún evento real o una «mentira social» específica que te hiciera pensar: «Necesitamos un virus que obligue a decir la verdad»?
No fue un único evento concreto, pero sí recuerdo varios momentos en los que, ante un mismo hecho, se dieron versiones distintas, incluso contradictorias, desde los mismos responsables. Y cuando eso pasa varias veces, uno entiende que no puede ser casualidad. Si tú das una versión hoy y otra mañana, y ambas no encajan, algo no cuadra. Ahí es donde empezó a rondarme la idea. No desde la rabia, sino desde la pregunta: ¿qué pasaría si mentir no saliera gratis? ¿Qué pasaría si la mentira tuviera consecuencias reales y visibles? Eco de Verdad nace de esa inquietud. No pretende señalar a nadie en concreto, sino plantear una reflexión incómoda: si mentir enferma a una sociedad entera, ¿por qué no debería tener consecuencias para quien provoca esa enfermedad?
Eco de Verdad sugiere algo que resuena y se expande sin control. ¿Por qué elegiste la metáfora del «eco» para definir este fenómeno?
Elegí la metáfora del eco porque el eco no se ve, pero se oye. No lo puedes tocar, pero sabes que está ahí. Y, sobre todo, porque el eco devuelve lo que tú has dicho. Si gritas, te grita. Si susurras, te susurra. Pero además hay algo que me parecía muy interesante: la facilidad con la que se expande. Un eco empieza en un punto concreto y, sin que puedas controlarlo, va rebotando y creciendo. Eso me encajaba mucho con la idea de la novela. Una mentira puede parecer pequeña al principio, pero cuando resuena en una sociedad entera, el efecto se multiplica. El eco no inventa nada, solo amplifica lo que ya estaba ahí.
En la novela, el virus actúa casi como un personaje con voluntad propia. ¿Por qué decidiste que la verdad se propagara de forma biológica/tecnológica y no a través de un cambio social o político?
Porque un cambio social o político siempre depende de alguien que quiera hacerlo. Y muchas veces quien tiene que hacerlo no tiene interés. Yo quería eliminar esa elección. Por eso la verdad en la novela no se negocia ni se retrasa: simplemente actúa. Es un recurso de ficción para llevar la pregunta al extremo: ¿qué pasaría si no pudiéramos escapar de lo que hemos dicho?

Solemos pedir transparencia a nuestros líderes, pero tú planteas que esto puede ser una forma de opresión. ¿Crees que la civilización humana necesita un porcentaje de mentira para poder funcionar?
No creo que la civilización necesite un porcentaje de mentira para funcionar, pero sí creo que no todas las mentiras son iguales. Hay mentiras pequeñas que a veces protegen a una persona o evitan un daño innecesario. Eso forma parte de la condición humana. Otra cosa muy distinta es mentir para manipular, para aprovecharse de los demás o para enriquecerse a costa de otros. Mentir para ganar poder o mantener un estatus no debería estar permitido. Y cuando eso ocurre en la vida política o en quienes toman decisiones colectivas, el daño es mucho mayor. En la novela no intento eliminar lo humano, sino cuestionar esas mentiras que perjudican a muchos para beneficiar a unos pocos.
Sin entrar en spoilers, ¿cuál de los creadores de ECO fue el más difícil de escribir? ¿Alguno de ellos se arrepiente genuinamente o todos mantienen su idealismo hasta el final?
El más difícil de escribir fue Pedro. Porque no es un villano ni un héroe. Es una persona normal que, poco a poco, se mete en algo que lo supera. Es el que carga con más peso moral y el que más se pregunta si todo esto merece la pena.
Todos tienen momentos de duda. Cuando una idea deja de ser teoría y empieza a afectar vidas reales, el idealismo se tambalea. Pero, de alguna manera, completan lo que han empezado. ECO no solo les obliga a enfrentarse a la sociedad, sino también a sus propias contradicciones.
La pregunta central de tu obra es inquietante. Personalmente, como autor, ¿crees que hay verdades que es mejor que mueran con nosotros?
Las verdades personales pertenecen a cada uno. Cada persona tiene derecho a decidir qué hace con su intimidad y con su propia historia. Pero cuando una verdad afecta a otros o tiene consecuencias colectivas, entonces ya no es solo algo privado. Ahí creo que debe conocerse. No se trata de exponerlo todo, sino de asumir que lo que perjudica a otros no puede esconderse sin responsabilidad. La novela juega precisamente con esa frontera entre lo íntimo y lo que afecta a todos.
Eco de Verdad maneja una tensión constante. ¿Cómo lograste equilibrar la carga filosófica y ética con la agilidad que requiere un thriller tecnológico?
Mi intención desde el principio era conseguir que el lector se enganchara. Quería contar una historia novedosa, algo que no se hubiera planteado antes de esa manera. Si la historia no atrapa, todo lo demás sobra. Por eso primero tenía que funcionar como thriller: tensión, ritmo y ganas de saber qué va a pasar al final. Esa curiosidad despertada en el lector es la que hace que siga avanzando. Y, mientras avanza, las preguntas éticas y filosóficas entran casi sin que se dé cuenta.
Para dar credibilidad a este colapso social, ¿tuviste que investigar sobre psicología de masas o el funcionamiento de la desinformación actual?
No hace falta hacer estudios complejos para ver que vivimos rodeados de desinformación. Basta con ver la televisión o escuchar a los responsables públicos cuando cambian de versión o dan explicaciones distintas sobre un mismo hecho. Cuando eso ocurre con naturalidad y, además, no tiene consecuencias, uno entiende que la mentira forma parte del juego. Más que investigar teorías sobre psicología de masas, me fijé en esa realidad cotidiana. La novela no nace de un laboratorio, sino de observar lo que pasa cada día delante de nosotros y llevarlo a un escenario extremo.
La frase «decir la verdad puede ser el mayor de los crímenes» es poderosa. ¿Cómo influyó esta premisa en la construcción de los giros de guion de la novela?
En Eco de Verdad la verdad deja de ser algo cómodo. Estamos acostumbrados a pensar que decir la verdad siempre es lo correcto y lo que libera. Pero en la novela, cuando la verdad empieza a tener consecuencias inmediatas y reales, se convierte en algo que puede destruir reputaciones, relaciones e incluso sistemas enteros. Eso es lo que genera muchos de los giros: el lector espera que la verdad solucione el conflicto, y a veces lo que hace es complicarlo todavía más.
¿Qué tipo de conversaciones o debates esperas que se generen tras cerrar la última página de tu libro?
Me gustaría que el debate no fuera solo sobre los personajes o sobre si estaban en lo cierto, sino sobre nosotros mismos. Que la conversación girara en torno a hasta qué punto toleramos la mentira en nuestra vida cotidiana y qué consecuencias debería tener. No espero que todo el mundo esté de acuerdo con la premisa de la novela. De hecho, me parecería más interesante que hubiera opiniones enfrentadas. Si después de cerrar el libro alguien defiende que ECO es necesario y otro piensa que es peligroso, entonces el debate estará vivo. Y eso, para mí, ya sería un éxito.

Tu obra tiene ecos de la narrativa de ciencia ficción moderna. ¿Qué autores han dejado huella en tu estilo?
Más que autores concretos, me han influido las historias que te hacen terminar un capítulo y necesitar leer el siguiente. Siempre he leído buscando eso: tensión, ritmo y una idea que te incomode un poco. Si algo de la narrativa moderna se percibe en el libro, me honra, pero lo que realmente ha marcado mi estilo es la necesidad de contar algo que me removía por dentro.
Tras explorar el límite de la ética y el poder, ¿te quedan ganas de seguir buceando entre las sombras de la tecnología o tienes la vista puesta en otros horizontes?
Ahora mismo tengo ganas de seguir explorando las preguntas que plantea Eco de Verdad. Ese universo todavía tiene recorrido y creo que hay aspectos que merecen desarrollarse más. La tecnología es solo el contexto; lo que realmente me interesa son las personas cuando se ven enfrentadas a sus propias decisiones. Y sí, la historia no está cerrada del todo. Habrá segunda parte.
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