Los oficios según John Petrizzelli: cuando lo cotidiano se vuelve fantástico

John Petrizzelli, autor de «Los oficios»

Por Linda D’Ambrosio

El escritor y cineasta venezolano John Petrizzelli regresa al cuento con Los oficios, un libro donde lo cotidiano se desliza lentamente hacia lo inquietante y lo fantástico.  El volumen reúne ocho relatos atravesados por lo neofantástico, donde distintos personajes —una monja de clausura, un vendedor de bienes raíces, un peluquero o un capitán de barco— narran experiencias que transitan entre lo cotidiano y lo insólito, cuestionando los límites de la realidad.

Con una trayectoria reconocida en el cine documental y de ficción, ha construido una obra marcada por la exploración de personajes marginales, universos culturales poco transitados y una constante sensibilidad social frente a temas como la exclusión, la diferencia y las tensiones del mundo contemporáneo. En esta conversación, el autor reflexiona sobre los oficios como puerta de entrada a otras realidades, la relación entre literatura y cine, y las obsesiones humanas que atraviesan sus relatos.

Después de varios años dedicado intensamente al cine y a otros registros literarios, ¿qué te llevó a regresar al cuento con Los oficios

Regreso al cuento porque encontré un hilo conductor, que es el de los oficios, para contar estas historias de gente aparentemente normal, en oficios de los más comunes, que terminan cambiando y entrando a otro universo gradualmente. Siempre he escrito. Tengo muchos cuentos archivados, pero estos ocho los escribí con la intención de publicarlos, ya que todos tienen una línea que nos conecta: la de los oficios.

Los protagonistas del libro están definidos por sus profesiones: una monja, un peluquero, un capitán de barco, un vendedor de bienes raíces… ¿Por qué te interesó narrar desde los oficios? 

La ventaja de narrar desde los oficios es que me permite entrar fácilmente en un universo, aunque no sabemos si es paralelo o real, en el cual los animales, algún virus epidémico o una circunstancia trágica o difícil, hace que los personajes hagan el tránsito hacia otra realidad (en este caso una fantástica) a través de sus oficios, narrando en primera persona y, de cierto modo, como en un diario.

El libro se mueve constantemente entre lo cotidiano y lo fantástico. ¿En qué momento sientes que una historia “gira” hacia lo extraño? 

Las historias giran hacia lo fantástico, generalmente, tras una descripción detallada que hacen los mismos personajes de los sucesos que van aconteciendo. Es un tránsito pausado y lento que nos lleva a finales sorprendentes.

Tus películas también suelen explorar personajes marginales, zonas ambiguas y universos culturales muy particulares. ¿Qué relación encuentras entre tu cine y estos cuentos? 

Mi interés por los personajes marginales, las zonas ambiguas y los universos culturales  particulares ha sido un una constante en mi trabajo de cine, quizás porque siempre me ha interesado lo olvidado lo diferente. Y no será casualidad, ya que yo soy un diferente, un homosexual. En estos cuentos, algunos de estos personajes son marginales, o abandonados, o vienen de universos pocos conocidos, como el convento de clausura o el mundo de la peluquería de mascotas visto desde adentro.

¿Hay imágenes o escenas de Los oficios que nacieron primero como imágenes cinematográficas antes que literarias? 

Algunos de los cuentos de este libro tienen imágenes o escenas que  vi,  como imágenes, primero en mi cabeza. Les puedo dar un ejemplo: soñé con un velero que iba a la deriva por un lago, tripulado por monos pequeños que saltaban por toda la embarcación y se trepaban en el velamen. De ahí surgió el cuento llamado Las travesuras. En muchos casos,  en estos relatos que considero que son muy cinematográficos, las imágenes son parte muy importante del cuento.

En el libro aparecen el miedo, la locura, la muerte y cierta violencia soterrada. ¿Qué crees que revelan esos elementos sobre la condición humana? 

La locura y la muerte amenazan a los personajes, pero a veces no está claro (y es adrede) si de una amenaza real o si sencillamente se trata de una realidad que se ha alterado, no de la locura de los personajes que narran.

Tus personajes parecen aceptar lo absurdo con absoluta naturalidad. ¿Te interesa esa frontera donde lo imposible deja de sorprender? 

Esta pregunta tiene que ver con la anterior: esa aceptación de lo absurdo con naturalidad nos indica que los personajes no están locos. Los eventos incomprensibles o absurdos que relatan se convierten en escollos para el desarrollo de sus profesiones y se deciden a vencerlos, haciendo de  esta lucha en contra de lo imposible una tarea más de sus oficios.

Después de El conjuro de los cardos, que tenía una dimensión más poética y autobiográfica, ¿qué descubriste en esta nueva etapa narrativa? 

 Como te dije antes, tengo muchos cuentos archivados porque realmente prefiero la prosa poética como en El conjuro de los cardos. Sin embargo, descubrí cómo desdoblarme y hablar de mí a través de los personajes, sin realmente hablar de mí. Quizás es una proyección de mi ser social y son todos los obstáculos y problemas por los que atraviesa nuestro acontecer en el problema planeta, como lo es la extinción de los animales, la propagación de los virus, y el poder malvado del gran capital.

Vienes de una trayectoria muy amplia como cineasta. ¿Qué te permite la literatura que no te permite el cine? 

La literatura me permite crear universos físicos que quizás el cine no puede alcanzar por temas de presupuesto. Puedo tener un barco antiguo, como en el cuento llamado Jake y ese barco estar atracado en una isla del siglo XIX, y esto lo puedo hacer sin ningún esfuerzo. El cine, sin embargo, requiere recursos para materializar y visualizar esas imágenes, lo cual  en algunos casos es muy difícil de lograr por temas de presupuesto.

Con Los oficios, John Petrizzelli reafirma una mirada artística profundamente humana, capaz de encontrar lo extraordinario en la rutina y de convertir las grietas de la realidad en materia narrativa. Entre el cine y la literatura, su obra continúa dialogando con los márgenes, las diferencias y las inquietudes sociales de nuestro tiempo, siempre desde una sensibilidad que combina imaginación, extrañeza y una aguda observación del mundo contemporáneo.


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