«La misteriosa mirada del flamenco»: bestias, amor y resistencia en medio de la adversidad

Reseña del film de Diego Céspedes, ganadora en el Festival de Cannes y nominada al Goya, estrenada en Mubi en el mes del Orgullo.
Fotograma de «La misteriosa mirada del flamenco».

Por Kenner Bracho • Editor Colombia 

En medio del desierto chileno, las «bestias» luchan contra la «peste» en una fábula irresistible sobre el poder del amor incondicional en medio de la adversidad, llamada «La misteriosa mirada del flamenco», ópera prima del director Mauricio Céspedes, que con 30 años ya ha ganado en Cannes con cine de autor que explora y conmueve.

Fue estrenada a principios de este año y desde entonces ha estado en el radar cinematográfico global como representación de la nueva generación de creaciones hechas en Latinoamérica con trascendencia global, y que ahora le apuesta al streaming a través de la plataforma Mubi para conquistar el gran público, con eventos presenciales incluidos.

¿De qué trata «La misteriosa mirada del flamenco»?

Un grupo de travestis que viven y trabajan en una especie de taberna (¿o prostíbulo?) en un poblado desértico del norte de Chile, persisten a pesar de las violencias basadas en género que ejercen algunos mineros locales, quienes las acusan de propagar una «peste» en el pueblo, en referencia directa a la crisis del VIH/Sida de principios de la década de 1980.

Sin embargo, al caer la noche, son esos mismos obreros los que se meten en sus camas. No se niega que algunas de ellas están «apestadas», pero el filme escarba en la excusa que han inventado para culparlas de los contagios, que los exime de toda responsabilidad: a través de sus miradas logran enfermarlos, con una especie de hechizo mitológico.

Al amanecer, evitan mirarlas cuando pasan por el frente de sus casas.

De manera poética, ellos dicen:

«Lava que lava. Al maricón no hay que mirar.

Lava que lava. La peste te va a pegar.

Lava que lava. Los ojos hay que tapar.

Lava que lava. El maricón te va a matar»

Es aquí cuando emerge la maestría de Diego Céspedes, al construir esta especie de fábula macondiana alrededor del VIH/Sida, en un paraje poco probable, con recursos cinematrográficos que van del género western al horror, y con una banda sonora hecha a la medida, en la que cada situación tiene una sonoridad auténtica e irresistible.

También apela al poder de la visualización de los personajes para explicar cómo realizan el supuesto hechizo del que son «víctima» los mineros, momentum del film en el que se evidencia la complejidad del mensaje y se vislumbra el porqué del título.

Irremplazable este fragmento, en el que el audio y la imagen parecen contar dos historias diferentes, recurso audiovisual que invita aque espectador cree su propia verdad:

«Los mineros dicen que todo empieza cuando un cazador conoce a una presa.

El cazador es muy inteligente y la presa es buena persona.

El cazador lo lleva engañado a un lugar más oscuro para hacerle algo terriblemente terrible.

El cazador lo quiere enamorar, pero no como uno se imagina».

Palabras premonitorias, que anticipan situaciones fatales para los personajes.

Parte del reparto de «La misteriosa mirada del flamenco».

La identidad animal

Un rasgo distintivo de «La misteriosa mirada del flamenco» es la alegoría generalizada a la identidad animal: la mamá boa que cuida a la manada de «bestias» (como ella misma las llama); flamenco es la figura protagónica y eje fundamental de la historia, simbolo de la belleza; águila, chinchilla y leona, que dan cuerpo al relato a través de personalidades y corporalidades diversas, incluso la cabra chica, la niña que busca respuestas en medio de la incertidumbre.

¿Se consideran animales porque no se sienten merecedoras de humanidad? ¿Han sufrido tanto como para protegerse con las garras de una bestia? ¿Están tan acostumbradas a sobrevivir, que duermen con las espuelas listas para el contraataque? La realidad es que estos rasgos forman parte esencial del guión y representan una singular manera de marcar la diferencia en el desarrollos de las psicologías de los personajes. 

Esta «deshumanización» se evidencia en esta plegaria:

«Queridos dioses, que están aquí para todas nosotras.

Queridos dioses, que están aquí para los animales desmembrados.

Queridos dioses, que están aquí por las pieles que se quemaron. 

Queridos dioses, que están aquí por todas nosotras.

Quiero pedirles justicia.»

Sin alusiones un dios monoteísta. Sin presencia de símbolos religiosos ni flores. Sin luto ni llanto. A media noche, a la luz de la luna y junto a una hoguera, cual ritual ancestral.

Sobre pertenecer y resistir

El castigo colectivo, la venganza personal y lo inoportuno del destino se hacen presentes como problemáticas de la cinta, que se van resolviendo una a una, pero de manera inesperada, con grandes planos generales, polvaredas desérticas y brumas de media noche, así como con momentos de humor, alegrías y dramas personales. 

Las travestis no piden permiso para ser, se presentan y reclaman su lugar, a pesar del sitio de algunos mineros que las obligan a vendarse los ojos. Estoicamente resisten, hasta que sus propios captores caen rendidos a sus atenciones. De esta situación surge un romance inesperado, que termina construyendo el cierre, con una boda de «sangre y semen».

Esta no es una película reivindicativa. No busca crear consciencia. Es un ejercicio introspectivo que retrata la necesidad humana de pertenecer y de existir tal cual se es, mientras expones los bodrios de la sociedad contemporánea con una teatralidad bien construida, que enamora a los festivales y logra gustar al gran público.

A través del flamenco, la cabra chica y la mamá boa aprendemos que la familia también se puede elegir; que la maternidad también se puede construir a través de vínculos y acciones que llegan al alma, y que para todos, bestias y humanos, sin importar las diferencias, el amar y ser amados, sin ser un secreto, es tan importante como la propia existencia.