Por María Laura Padrón
ISOVEL siempre se ha sentido atraída por el fuego. Verlo moverse, con su belleza y su potencial de destrucción, como un animal que da calor pero que también sabe morder. Es una de sus fascinaciones. Cual Ícaro que persigue su deseo más allá de lo impuesto por la autoridad, se alza como un icono de la desobediencia: prefiere arriesgarse y desafiar la norma, aun sabiendo que la consecuencia inevitable puede ser la caída, por el simple hecho de que el molde de lo que «debe ser» le resulta un imposible.
La conocí en Madrid, en la gira de presentación de Nación vacuna, de la escritora Fernanda García Lao. Era el verano de 2021, cuando habitábamos el tibio proceso de desconfinamiento y resultó conmovedor e ilusionante toparme con su voz, con sus letras, con su guitarra. Por aquel entonces, ella residía en Praga, y allí también tuve la oportunidad de disfrutar de su directo. La primera nevada del invierno de 2022, en mi ciudad favorita, contrastada con los cuerpos celebrando y transpirando su música, son recuerdos que quedaron estampados en mi memoria.
ISOVEL, criatura en constante combustión, siguió el impulso nómada que la llevó a Barcelona, donde reside desde hace casi cuatro años, ciudad en la que ha ido conquistando los escenarios con una propuesta que evoluciona de manera rigurosa. Formada en canto lírico y con estudios en filosofía y etnomusicología, ha transitado desde la intimidad de la cantautora folk hacia un perfil de artista total. Hoy trabaja en la intersección exacta entre la escritura y la voz, experimentando con los géneros y transformando la disciplina clásica en pura fricción sonora.
Tras los álbumes Frontera y Alucino Amor, y de haber paseado su magnetismo por festivales internacionales como el Prague Pride, el Prague Microfestival, el Performance Crossings Festival o el Poblenou Urban District, su crecimiento se consolidó al ganar la Beca Creación de la Casa de la Música de Hospitalet (2025). Fue en ese laboratorio sónico donde gestó su nuevo trabajo, Tan lejos como el sol.
Este nuevo disco es una épica de electrónica, saturación y glitch, la consagración definitiva de esa relectura del mito clásico pasado por el filtro de una voz rebelde y queer. Aquí, la caída ya no se lee como un fracaso o un castigo divino, sino como una elección consciente, política y hedonista: una Ícaro que prefiere que se le derritan las alas antes de conformarse o encajar en un sistema que la expulsa.
Para ISOVEL, el fuego y la autodestrucción se vuelven la única salvación posible hacia la libertad absoluta. Ya lo advierte ella misma, implacable, en los versos de su canción Lujoso: «No creo en paraísos en donde no me admiten, iré con mis alas a quemarme a otra parte».

Cantarle al glitch, al error y a las rodillas raspadas en una era de perfección digital y autotune, ¿es tu forma de rebelarte contra la pulcritud de la industria o una necesidad humana de abrazar lo imperfecto?
Soy una persona bastante perfeccionista, y un aprendizaje para mí fue romper lo que esa perfección significaba. Creo que el glitch es una forma de quebrar el discurso, complejizarlo con diferentes capas de sentido y contradicciones. Termina siendo una especie de collage sonoro. En lo imperfecto, lo roto, creo que aparece algo muy verdadero.
Para ti, hacer música es «regalarse una verdad que se encuentra escarbando». En el proceso de creación, ¿cuál fue la verdad más difícil o la más liberadora que desenterraste esta vez?
En cada álbum me animo a jugar más, mezclar pensamiento, con ironía, cosas que leí, que me pasaron y exageraciones que me hacen reír. Creo que en este proceso creativo me permití ser muy auténtica y aprendí mucho de límites, cómo quiero direccionar mi proyecto y los sonidos que quiero explotar.
Si pudieras despojar al disco de la música y las palabras para dejarlo solo en una textura, un color o una temperatura, ¿cómo se sentiría este trabajo en las manos de quien lo escucha?
Personalmente tiendo mucho a la sinestesia, en general no puedo pensar en nada sin asociarlo al menos con un color, y como me gusta pensar en un concepto cuando creo un álbum nuevo, es algo que tengo muy presente. Tan lejos como el sol creo que atraviesa muchos estados, va desde el azul al rojo (y de hecho cuando fui grabando las voces en el estudio fui regulando los colores de luz en la cabina según el que sentía que le correspondía a cada canción). Pero de manera global, este álbum tiene el color de los destellos de luz que se forman en el agua.
Argentina, Praga, Barcelona… Tu biografía es un mapa de migraciones. ¿Cómo se filtran el desarraigo y el viaje en tus canciones? ¿Sientes que cambiar de país te obligó también a romper las fronteras de tus propios géneros musicales?
Totalmente. El desarraigo forma parte de mi historia, pero también me aferro mucho, entonces migrar me ha enseñado a repensar el concepto de estabilidad. Fui creando hogares en todos los lugares donde viví, y en ese proceso aprendí que más que lo material, es lo vivo lo que hay que cuidar. Eso te abre mucho la cabeza, y me parece bonito pensar en todas las diferentes formas de existir en este mundo que hay. Lo mismo me pasa con la música. Para mí no tiene sentido ser juiciosa con los diferentes géneros, porque en todos se puede encontrar alguna revelación. Creo que la versatilidad es uno de los mejores dones.
Vienes de una formación en canto lírico, filosofía y etnomusicología, ahora te sumerges en la electrónica y el pop alternativo. ¿Cómo conviven estas dos almas? ¿Buscas que la disciplina clásica y la fricción sonora choquen para generar tensión o dejas que fluyan de forma natural?
A la hora de crear me gusta dejar que las cosas vayan apareciendo de forma natural. Siempre me interesaron diferentes áreas creativas, y creo que todas se terminan retroalimentando. Al final, son nuestras curiosidades las que nos conforman como individuos. Me divierte ver cómo todo eso que una es se materializa en canciones, especialmente porque es lindo sorprenderse.
Al ser una artista multidisciplinaria, ¿cómo brota la chispa creativa en tu cabeza?
Puede ser de cualquier forma. En realidad, el crear es algo que siempre estuvo en mí y que me ocupé de no perder a medida que fui creciendo. Creo que la creatividad está en todas partes, pero también es algo que se tiene que fomentar y darle lugar. Por ejemplo, puede aparecer una frase en la cabeza, pero si no se la anota en alguna parte entonces esa idea se pierde. Para mí, es una cuestión de estar atenta.
Este álbum está hecho de «sueños, libros y encuentros». ¿Hubo algún autor/a o conversación en especial que detonara la estética onírica de este proyecto?
Lo onírico y la fantasía forman parte de mi manera de habitar y ver el mundo. Me gusta tener siempre a mano algo del orden de lo mágico. Entonces, claro, mucha poesía surrealista, o textos en torno a los sueños. Macedonio Fernández, Lebrero, Boris Vian, por decir algunos. Pero por otro lado, me gustan las personas que juegan con la forma y quiebran el discurso, un referente claro en ese sentido para mi es Kathy Acker.
En los créditos del disco vemos instrumentos orgánicos como el violoncelo, guitarras y baterías conviviendo con saturación digital, guiados junto a la producción de Punga. ¿Cómo fue el proceso para que esa mezcla se sienta nostálgica, existencialista y, a la vez, conserve un pulso que invite a bailar?
En general, me parece interesante mezclar elementos que en un principio no parecen tener correlación, porque crean algo que le dan otra frescura a las cosas. Los contrastes son necesarios; usar elementos orgánicos junto a otros electrónicos agregan capas de sentido a las canciones. Por otro lado, estamos en un momento en el que la nostalgia y las ganas de bailar creo que están muy ligadas, en el sinsentido también se puede disfrutar.
Este álbum ve la luz gracias a la Beca de Creación de Las Casas de la Música de L’Hospitalet obtenida en 2025. ¿Qué tan cruciales son estos espacios públicos para que el tejido artístico independiente pueda crear con total libertad, al margen de las presiones comerciales?
Ser artista independiente y migrante es un desafío. Estamos siempre enfrentades con la precarización de nuestro trabajo, y esto implica mucho esfuerzo. Que haya espacios públicos que le den una mano a los proyectos emergentes es muy necesario, porque le dan una oportunidad a les artistas a poder llevar a cabo sus ideas de manera profesional, sin sacrificar calidad ni libertad.

Entre la risa frenética y los ángeles caídos de tus letras, ¿la música ha sido históricamente tu lugar seguro para mantenerte libre o la ves más bien como un espejo que te devuelve tus propias contradicciones?
Para mí, la música, la escritura y todas las artes en las que me he permitido explayarme, son lugares de catarsis y transformación. Creo que todes tenemos contradicciones, y me parece importante poder verlas sin juicio, aceptarlas, e incluso reírnos de ellas. Intento ser lo más transparente que puedo en la vida, y como la creación forma parte de mi manera de habitar el mundo, claro que es un lugar en el que se fusionan esas contradicciones, que me permiten expresarme libremente.
Tienes una idea preciosa: que sacar música es, en el fondo, «regalarle algo a las amigas». ¿Buscas que tus canciones construyan un refugio real y una comunidad de resistencia con quienes te escuchan?
Sacar música es regalarle algo a las amigas, que son las primeras en escuchar y apoyar tus ideas locas. Luego, si eso llega a más gente, me parece precioso, pero me gusta tener en mente a quienes apoyan desde la raíz a mi proyecto artístico. Mis amigas son refugio y me gusta darme a ellas de la misma forma. Creo que la resistencia a la extrema derecha, a los movimientos mercantiles deshumanizantes y al odio a lo distinto comienza en las comunidades que creamos, y la forma en la que elegimos vivir día a día. Yo hago canciones y espero que eso también aporte algo, en mis letras vuelco mis inquietudes y pensamientos, me gusta que sean políticas aunque no siempre sea de forma explícita, pero ya si se vuelven o no refugio no depende de mí, sino de quien la escuche.
¿Qué te genera más vértigo de sacar este nuevo disco?
Si bien cuando una saca música todo genera un poco de vértigo, en esta ocasión estoy decidiendo hacerlo de una forma suave, respetando mis tiempos por encima de las supuestas exigencias del mercado. Habrá una presentación del disco, y algunas sorpresas más, pero estoy enfocándome en el disfrute y las ganas de compartir este disco, que es mi favorito de los que he hecho hasta ahora.
Cuando termine de sonar Tan lejos como el sol, ¿en qué estado mental, emocional o corporal te gustaría dejar a la persona que lo acaba de escuchar?
Ojalá que se le escape una risa.